Hum...


Tengo muy abandonadas mis historias...

... habrá que sacar tiempo...

Usurpadores


... La ingenuidad al inocente
la confianza del creyente
sus alas al águila
el Ser a la persona
la ilusión al esperanzado
al soñador sus deseos
la verdad al honrado
al corazón un latido
al iris una lágrima
el regocijo al alma viva

Ponzoña instila en las venas
veneno inocula en la piel
rencor nace en el vientre
tristeza entre las pestañas
culpa inocente en el espíritu
silencios sobre los labios
dolor radia en los huesos
retuerce sierpes en el pensamiento
hierve en sal las heridas
hiela antigüas hogueras

Aquél que destruye inocencias...

Junio

"Sospecha":


No era mi abuelo (como persona sabia, la más sabia que he conocido) a dar consejos. Por eso jamás olvido la única recomendación que me hizo, poco antes de morir:

.- "Tu prima tiene mucha voluntad, pero lo tuyo es la inteligencia. Por eso te diré algo: Juzga tanto los halagos como las imprecaciones desde la persona que te los dirige:
Si aquél que te juzga como inteligente carece a tu juicio de inteligencia... ¡sospecha!.

Sospecha, igualmente, de quien te impute un vicio o defecto de carácter del que, a tu juicio, cojea esa misma persona."



Junio

Uno + Uno


Atardecía en la playa y los niños salían de sus neoprenos... como cangrejitos ermitaños de sus conchas.

Salía él, por último, a la rena... y se desesperaba por arrancarse rápido la humedad gomosa del traje. Yo le ayudaba a remangarlo desde la cintura hasta los pies y sacarlo. Debajo, el bañador. Y toneladas de arena.

.- "Vamos al agua... hay que quitar la sal del neopreno y la arena del cuerpo".

Y caminamos, adentrándonos, en un mar verde y templado, quieto como un tronco de seta...

Le perdí de vista y, mientas le buscaba, me descubrí entre las manos mi neceser de viaje-Pensé que se estropearía el contenido si una ola lo alcanzaba-.
Entonces, le ví llegar hasta mí... como si caminara sobre el agua. Iba detrás el dueño del yate; y creí que habían salido juntos a alta mar... me extrañó: nunca le había llevado consigo: "Bien... nunca es tarde!", pensé.

Pero él salía disgustado... no sonreía y apenas hablaba. Atravesamos las aguas hasta la orilla, en silencio. Yo me volvía de vez en cuando para verle seguirme; y me dí cuenta de que alguna ola comenzaba a nacer. Eran olas divertidas, nada agresivas; juguetonas, nada iracundas. Y llegaban a intervalos muy espaciados. Aún así, una de ellas nos cubrió (sin fuerza) y me dí cuenta dfe que el neceser que sostenía debía haberse mojado: estaba abierto... "ojalá no se estropee nada... no sé..."

Llegábamos ya a la arena cuando advertí en el fondo unas formas oscuras:

.- ¿Te has fijado en eso?. le comenté-

.- ¿Dónde?. No veo nada...

.- Ahí... en el fondo... -le señalé con el índice-

Era un perro... echado, quieto, sobre la arena del fondo, cubierto de agua hasta un palmo por encima de su cabeza... nos miraba... y nada más.

Más allá, otra forma oscura... pero ya el agua no pasaba de los tobillos. Y la forma emergió, para descubrir otro perro que se acercaba a nosotros.

No me gustó su forma de moverse detrás de él:

.- Apártate. No corras, no mires... n dejes que se te acerque.

.- ¿Por qué?. No hace nada... mírale... está sonriendo...se ríe...

Y yo me volvía a contemplar esas facuces de perro oscuro, abiertas en tan sólo cuatro dientes, enormes, afilados... no en sonrisa ni en risa, como creía la Inocencia.
Sino en una mueca, una paerfidia de apariencia, una hipocresía; un engaño presto a morder.

Tiré de él y le saqué, lo más rápido que pude pero sin correr, de la orilla.

No quise mirar hacia atrás.

Junio

El Muñeco "Chillón"


ERASE UNA VEZ...

Un muñeco chillón que vivía en un cuarto de juegos infantil.

Los soldados de plástico vivían en su acuertalamiento de madera. Los vaqueros y los idiios compartían fortín. Los muñecos transformables, los bolos, los palos de golf en miniatura; los peluches con sonido, los volantes de guiar coches sin coche; la moto ultra-rápida con su manillar a distancia, los dinosaurios rugidores... todos, todos los juguetes que no tenían un sitio a propósito, vivían en cálidos arcones de madrea o cestas de tela, cómodos y suficientemente aireados.

Todos... menos el muñeco chillón, que vivía un tanto lejos y olvidado, sujetando los libros de cuentos de la estantería más alta del cuarto.

El muñeco chillón había sido-hacía mucho, mucho tiempo- el jueguete más sofisticado que poseyó Chemo: con sólo darle a un botón, contaba cuentos, chistes y mentiras:

.- "Como no estabas-decía el muñeco, cuando Chemo pulsaba su botón- me fuí a Venus: a luchar contra una invasión de terrícolas. ¡¡FIU, FIIIIIU!!, volaban las naves, dejando caer bombas terroríficas..."

Chemo se reía y le decía al muñeco que todo eso eran mentiras... y el muñeco, en su papel, prometía que todo era verdad.

El muñeco, además, retaba a Chemo a gritar más alto y más fuerte. Y hubo días que la mamá de Chemo tenía que pedirles a los dos que dejaran la competición antes de volverla loca, junto a todos los vecinos.

El muñeco provocaba a Chemo con sus "eres más tonto que un grano en la nariz". Y Chemo, muerto de risa, le amenazaba con ponerle los calzoncillos sobre la cabeza (cosa que el muñeco no soportaba: entonces, invariablemente, amenazaba con decírselo a la mamá).

Chemo no tená hermanos, de modo que el muñeco se convirtió, durante un tiempo, en un pseudo-pariente del niño. Quizás como otros imaginan amigos invisibles o públicos fantasmales...

Chemo terminó prefiriendo la compañía y los juegos con la mamá... y el muñeco chillón fue quedando olvidado. Y relegado a un estante abierto, sin más compañía que alguna mota de polvo posada sobre los silenciosos libros que ayudaba a mantener en pie.

Un día, la mamá de Chemo decidió que había llegado la hora de hacer limpieza: tantos jugietes rotos, otros a los que Chemo no prestaba la menor atención... tantos estropeados por falta de uso.... y Chemo quiso ayudar:

.- Verás, Chemo-le dijo la mamá- muchos de estos juguetes ya no te interesan. Pero hay muchos niños que serán felices jugando con ellos. ¿Te parece bien que los regalemos?.

.- ¡Sí, mami!. ¿Tú crees que los juguetes lloran si no juego con ellos?

.- No sé si llorarán, hijo-dudó la mamá- pero estoy segura de que algo deben sufrir... incluso deben tener celillos de los otros juguetes con los que juegas. Al fín y al cabo, tú y yo sabemos, que los jueguetes salen de sus estantes y cajas por las noches, y hacen fiestas y charlan entre ellos...

.- ¡Bah, mamáaaaaaa!. Eso no es verdad...

.- Chemo: ¿ves el viento?

.- No, mami.

.- Pero lo notas cuando se te posa en la cara, ¿verdad?

.- Sí...

.- Si sabes que el viento existe, aunque no lo veas, quiere decir que hay muchas cosas que están, aunque tú no las veas... como las fiestas nocturnas de los jueguetes.

Y Chemo se quedaba mirando a su madre, con expresión de absoluta incredulidad, pero meditando un poquito...

.- Mamá: ¡regala el muñeco chillón!. No lo quiero.

.- ¿Por qué, Chemo?. Te divertía mucho jugar con él...

.- Pero ya no... insulta y cuenta mentiras.

.- A ver hijo: el muñeco hace exactamente lo que tú esperas; lo que a tí te divierte... ha nacido para eso. Que a tí no te haga gracia ahora, que ya eres mayor, no es culpa del muñeco...

.- ¡Es que ya no me gusta!

.- Mírale: ahí en el estante, sujetando libros. A mí me da pena que no le des las gracias por tantos ratos divertidos que te ha regalado.
Los humanos olvidamos pronto los favores, los regalos... o terminamos por exigir aquéllo que se nos dio gratis en un momento de necesidad. Convertimos en obligaciones, en deberes, lo que no fue sino generosidad.
Chemo... acuérdate de lo buenos ratos que pasaste gracias a él.

.- Que sí mamá... pero eso ya pasó.

.- Bueno: vamos a hacer una cosa... el muñeco vivirá con nosotrs un poquito más. Dentro de unos días, veremos qué hacemos con él. ¿De acuerdo?

.- Vale...

Uos días después, el muñeco chillón vivía estantes más abajo: junto a una casa-cuento, una espada láser, un muñeco guitarrista y un tren con sonidos. Y Chemo recordó lo que era jugar con él.

Chemo preguntaba a su mamá si los jueguetes que habían regalado eran felices con otros niños. Y la mamá le aseguraba que sí: "un juguete sólo es feliz en brazos de un niño... no en un cajón, muerto de aburrimiento y olvidado".

El muñeco chillón se quedó. Y la mamá, mientras le libraba del polvo, le miraba la cara de plástico... y habría jurado que se le había ensanchado la sonrisa.

"¡Pues no diría que me acaba de guiñar un ojo...!"

FIN

Junio

"Humo"


"V.- en aquí"- dijo la sonriente Dama, tomándole de la mano-

.- "Vas a espirar e inspirar con normalidad... pero notarás algo que voy a explicarte:
Cada vez que expulses el aire, saldrán de tus labios nubes de color marrón, gris... como bolitas de algodón sucio".

.- ¿Y qué serán? ¿me harán daño?-preguntó preocupado el chiquillo-

.- "Nooooo"- rió la Dama- "son todas las "cosas malas" que se han alojado dentro de tu cuerpecito durante el día: pensamientos negativos, virus, malos deseos de otros hacia tí... esas cosas...Yo te ayudaré a echarlas fuera. Lo haremos los dos juntos"

.- Vale... de acuerdo... si no me va a doler...

.- "Adelante"-le instó la Dama. no sueltes mi mano y respira normalmente, mientras me miras"

La Dama cerró los ojos. Y un punto de luz blanca y brillante se encendió entre sus cejas. La luz fue irradiando desde la frente a todo el rostro de la Dama. Y luego a su cuello, hombros... todo el cuerpo hasta el borde de encaje que dejaba ver sus pies desnudos.

Cuando toda ella centelleaba, notó el chiquillo que su frente ardía en luz... y se vio abrigado por un nimbo, como la cáscara de un huevo, que lo protegía y aislaba or entero. Entonces, volvió a mirar a la Dama: y vió girones grises salir de entre sus labios. Con sus pequeñas manos frente a él, recogió de su aliento virutas de humo de un tono parecido.
Al cabo de poco. no podía distinguir su aliento: se había hecho transparente.

Entonces la Dama le habló de nuevo:

.- "Ya está. Hemos arrojado todo lo que podía hacernos daño. Y ahora, estos nidos de luz blanca que he creado para tí y para mí, nos protegerán un día más. No te preocupes si le ves ir desapareciendo conforme pasan las horas, porque mañana haré otro nuevo para tí".

Y susurrando un "Te quiero" y una sonrisa, se desvaneció la Dama despacito... sólo quedó de ella un beso, que se fue a posar en las mejillas del crío...

Junio

"Pestañas"


Erase una vez un niño que nació con unas pestañas enormes: y ya se sabe que las pestañas sombrean los párpados de tal forma que, cuanto más largas, más hermosos hacen los ojos. Pero, como todo... dentro de un límite.

Porque el niño crecía y, con él, sus pestañas, que llegaron a hacerse inmensamente largas y espesas... de tal manera que terminaron pr resultar un problema.

Y es que, en el cole, las pestañas se enredaban con la cuerda de saltar, con los cromos de futbolistas y con los "stacks" de Pokemon: no había manera de jugar sin que las pestañas se interpusieran en todos los juegos: hasta entre el balón de fútbol y la portería (buena cosa para parar holes, pero... es "trampa")

Los amigos comenzaban a impacientarse y a apartarse de Pestañas, que temía llegar, incluso, a no poder correr como los demás, porque las pestañas se le enredaban en los tobillos... contínuamente.

Desesperado, Pestañas le suplicó a su madre una solución. Y la madre, simpre comprensivas las madres, tuvo una gran idea:

.- "Haremos una cosa, Pestañas: Dicen que si te despuntas las pestañas con unas tijeritas, en una noche de luna llena o creciente... las pestañas crecen el doble de rápido y de largo. Así que podemos probar al contrario".

.- "No lo entiendo, mami"-se quejó Pestañas-

.- "Verás, hijo"-aclaró la mamá- "vamos a cortar tus pestañas en una noche que la luna mengüe: veràs cómo resolvemos el problema".

...........................

Y una noche en que la luna parecía crecer (que en realidad estaba menguando, porque la luna es mentirosa), la mamá de Pestañas le sacó al balcón, junto a unas tijeritas.
Y, allí, se pusieron a recortar y buscar la medida adecuada para las pestañas de Pestañas:

. "No tenemos que cortarlas en exceso, porque unas pestañas largas y tupidas son un arma poderosa de seducción de la mirada. Pero tampoco podemos arriesgarnos a dejarlas muy largas y que te causen problemas"-dijo la mamá-

Y cortado, cortando, las pestañas de Pestañas hallaron una longitud en los límites de la "normalidad".

Y resultó.

Porque las pestañas de Pestañas no volvieron a crecer desmesuradamente (sólo un poquito) y Pestañas pudo volver a jutar con los amigos sin enredarse los tobillos con sus propias pestañas.

Y vivió, a partir de entonces, muy contento y satisfecho.

Colorín, colorado, este cuento se ha acabado.

Junio


Nada


Resulta últimamente tan difícil poner en orden sentimientos y pensamientos... será el pesado cansancio, la terrible apatía, la persistente desgana o el abismal vacío...

La Nada no tiene color, sonido, olor... es la ceguera de los sentidos el dirigirse a ella... porque SÍ tiene forma: contornos definidos de bestia hambrienta, de negros océanos y agudos acantilados... devorando espacios lenta, pero ineludiblemente.

La Nada se alimenta de mentiras, deslealtades, celos, cóleras, impotencias, cansancios... y de sueños rotos, esperanzas defraudadas, milagros inalcanzables, depósitos hurtados de confianza...

No duele la Nada, que extirpa- como un hábil cirujano- lo que un día hubo y alcanzó la podredumbre: no duelen los vacíos... si acaso, duelen a ojos y oídos la sorpresa y el orgullo, estupefactos ante esa niebla gris que se extiende de entre los ojos a todo el ser; y que magnetiza al centro cuanto se acerca a su bordes.

La Nada abominable, viscosa; fascinante, atractiva y deseable sierpe, TODO en su fealdad, prometiendo siempre olvidos e inconsciencias a cambio de una sola dentellada.

Y sólo el conocimiento de su existencia basta... para dar un paso atrás e imaginar su repugnancia sin olor al olfato, su miseria a los ojos, su fracaso a todos los sentidos... su patetismo incapaz de conservar durante mucho tiempo los afeites con que reviste su rostro anodino.

Lagrimea la Nada mientras estira las fauces un segundo más por alcanzar la nueva presa. Y sus afeites corren en borrones absurdos, deshaciendo sus costados, revelando su verdad caadvérica, pavorosa.

Nada no puede dejar de comportarse como Nada: nunca nació, nunca muere; dice una verdad y cUatro mentiras; da un paso adelante y tres atrás.

Quien olvida su rostro puede creerla un día... de nuevo... y perderse en sus abismos grises.


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Nada lleva el nombre de quien miente a sabiendas que daña.

Nada se nombra quien usa de la deslealtad como de una virtud recién descubierta.

Nada se apela quien pasa de puntillas, esperando no ser notado, por, sobre y alrededor de los agonizantes y devorados.

Y Nada, sea cual sea su maquillaje, es... NADA.

Junio